miércoles, 15 de mayo de 2013

La era de la desinformación





Asistimos a una era de la información y, paradójicamente, estamos, en general, bastante poco informados.
Esto así pensado, no tiene mucho sentido, pero haciendo un poco de reflexión y autocrítica deberíamos, más de uno, y más de dos, preguntarnos qué sabemos del mundo.
Y creo que la respuesta no sería muy alentadora, de hecho sería un poco deprimente.

Nos encontramos en los puestos más bajos en cuanto a formación y nivel de calidad educativa en Europa y ni que decir tiene que si nos centramos en comunidades, es cuando nosotros, como andaluces, nos encontramos a la cola desde el punto de vista del resto de regiones.
Y la pregunta sería entonces, ¿por qué? Si vivimos en la era de la comunicación, de la información, de la rapidez y la prisa por contarnos todo. Puede que sea precisamente eso, que tenemos tanta prisa y queremos saberlo todo que, como dice el refrán, quien mucho abarca, poco aprieta.
Esto podría contarse basándonos en teorías de la comunicación, citando a prestigiosos estudiosos y entendidos comunicólogos, rescatando voluminosos manuales sobre la teoría de la información y recurriendo a los grandes modelos informativos, podría explicarse de una forma técnica y complicada pero todo esto puede entenderse sin recurrir a estas complicadas argumentaciones. Y es que somos todos conscientes de que esta avalancha de información, las redes sociales que nos cuentan qué ocurre antes de que las cosas ocurran, los diarios digitales, así como la inmediatez de la radio o la televisión, hacen de nosotros unos perfectos internautas, oyentes, televidentes, twitteros y facebookeros en general.
El problema es que todas estas capacidades comunicativas nos cansan, pasan de crearnos atracción a crearnos desinterés lo cual, aunque como dijimos antes, pueda resultar paradójico, es, a la vez, una consecuencia lógica de la sociedad actual.
Puede que otro motivo sea que no nos creemos lo que nos cuentan, que desprestigiamos la profesión o puede, simplemente, que nos resulte complicado seguir la actualidad cuando nuestra realidad, la de nuestro trabajo, nuestra familia y nuestros problemas, nos asfixian tanto que no nos dejan tiempo para nada más que para no querer, ni siquiera, saber qué pasa en el mundo.

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