martes, 4 de junio de 2013

¿Futuro?

Época de mucho sueño y mucho café, de nervios, de dejarlo todo para el último momento y luego arrepentirse, de estudiar la noche de antes, de madrugar, de comer poco y mal, de dormir justo lo imprescindible, en definitiva, época de exámenes.

Muchos se preguntan alguna que otra vez, entre los cuales me incluyo, ¿para qué? Es decir, es obvio que debemos estudiar, que tenemos que aprobar nuestro exámenes que tenemos, por lo menos, que cumplir con lo que se espera de nosotros, que para algo somos universitarios. Pero, ¿a partir de dónde compensan los sobreesfuerzos? ¿sirven de algo las buenas notas? ¿tiene alguna utilidad un 8 en vez de un 7?

Pueden resultar nimiedades y también puede asumirse que cuanto más nota, mejor, pero me refiero a su consecución práctica, a la recompensa que todo esfuerzo, como tal, se merece. 

La realidad es que esto, a día de hoy, no es que no valga, porque claro que vale, de no ser por las carreras, los másteres, los cursos, los idiomas, la experiencia en países extranjeros y, por supuesto, el buen hacer, el manejo de programar y la experiencia, todo sería terriblemente peor.

No me quejo, opino que un profesional debe hacer gala de tal calificativo y que el saber, aunque no lo creamos, no ocupa lugar. Con lo que no estoy de acuerdo es con esa negatividad tan arraigada, marcada a fuego en los estudiantes de la universidad actual, ese afán por parte del profesorado, supongo que en todas las carreras, yo conozco especialmente en la de periodismo, por dejarnos claro que esto es el principio, el principio de un largo camino, que se acabó eso de encontrar trabajo a la primera, y mucho menos cobrando, que ahora hace falta tener un currículo largo, muy largo, y ni con esas, que ahora, las cosas no son como eran y que la competitividad está a la orden del día; "aquí, el que no corre vuela".

Me pregunto muchas veces si esta actitud no es contraproducente, dado que está bien vivir con los pies en la tierra, hacer ver a tus alumnos la cruda realidad a la que se enfrentarán cuando salgan, pero ¿dónde está la línea que separa al advertencia de la transmisión depresiva y contante de un futuro negro?

La verdad, me gustaría ser optimista y, de hecho, intento serlo cada día. Quiero pensar que después de estas largas horas de biblioteca, de la tonelada de apuntes, de los nervios ante un examen, de los cafés de más y las horas de sueño de menos, después de todo eso, hay algo. No sé muy bien qué, pero hay un futuro. Pienso eso porque a la vista está que las facultades de comunicación están llenas de estudiantes, las notas de corte para entrar no son precisamente bajas en comparación con otras carreras y las aulas están llenas. Si todo esto ocurre es porque hay cierta inquietud en la sociedad, cierto interés por adentrarse en este mundo, por descubrir qué oculta. 

Sólo me queda esperar que haya sitio para todos, que las nuevas promociones de periodistas tengan un hueco, el hueco que se merecen en una sociedad que los necesita y que de vez en cuando les da la espalda pero que, al fin y al cabo, recurre a ellos para saber qué sucede, para utilizarlos como lo que son: una ventana al mundo.

lunes, 3 de junio de 2013

"Colegas"




Poco más puede decir. Una diapositiva de clase, algo que se nos enseña, información a tener en cuenta, en definitiva, materia de examen. Nos lo aprendemos, memorizamos sin más y reproducimos de forma casi mecánica ante el folio de cuestiones, bastantes nervios tenemos ya como para ponernos "tiquismiquis" y plantearnos siquiera lo que estamos diciendo.
Pero si miramos esta diapositiva, si reparamos en ella, en lo que dice, en su contenido, como podríamos hacerlo con cualquier otra, nos damos cuenta que en lo que ella se explica es pavorosamente importante, de tal importancia que si nos lo tomamos en serio puede causar, incluso, miedo.
Me refiero al hecho de que esto del periodismo, de lo que nos venden como libertad de expresión y forma "propia" de contar lo que sucede, no es más que una sutileza, un forma elegante de decir que aquí lo de menos son las líneas ideológicas, los valores, las distintas formas de pensar, que, aquí, lo que prima de verdad, es el dinero y cuanto más dinero, mejor.
No me sorprendo de que se trate el periodismo como un negocio dado que, obviamente, lo es. Pero resulta, cuanto menos, paradójico que se nos venda la idea de líneas ideológicas totalmente posicionadas, de una u otra forma, ahí no entraré, simplemente resulta curioso recaer en que esos medios que podrían parecer opuestos editorialmente hablando, son luego casi hermanos, pues sus padres, los grandes magnates de la comunicación, se alían y se separan en función del mejor beneficio, de aquello que resulte mas ventajoso, en definitiva, del mejor negocio.
El hecho de que nos encontremos envueltos en un crisis mundial de tales características no parece ayudar demasiado en esto de la independencia ideológica. Los intereses, ahora más que nunca, resaltan y relucen. Lo verdaderamente importante es aquello que produzca dinero y si para ello es necesario aliar elementos que en principio podrían resultar incompatibles, se hace sin problema, todo sea por una buena causa, todo sea por salvar el negocio.
Lo verdaderamente triste, por llamarlo de algún modo, es que esta misma mentalidad esté presente en los medios públicos. Casi todo podría comprenderse, y digo casi todo, no todo, cuando se trata de empresas privadas cuyo principal y legítimo objetivo es la obtención de beneficios, bien sea con el comercio de la información, como ocurre en este caso, o bien sea con la venta de tornillos, a efectos prácticos, es más o menos lo mismo. Pero si hablamos de una televisión o una emisora de radio pública en la que se actúe de tal modo, no resulta tan legítimo asumir que entre estas empresas que comercian con la información que llega a los ciudadanos, con la bisagra que suponen entre los poderes fácticos y el pueblo, haya este tipo de entramos y relaciones económicas que poco tienen que ver con la profesión, por no decir nada.
No podemos ignorar que el grupo Prisa mantiene negocios con Godó, que a su vez, está aliada con Vocento y así sucesivamente en un bucle que no parece terminar nunca. No me opongo, es negocio y en el negocio todo vale, lo que no podemos permitir es que se nos haga creer algo que no es y luego se utilicen los artículos de opinión y editoriales como armas arrojadizas de unos medios a otros para hacer creer a sus lectores que están comprando el diario que más les representa alejado de los "otros", esos que quieren convencerle de lo contrario, el bando opuesto. Esto, ya no es nogocio, esto, se parece más a un patio de colegio.

domingo, 2 de junio de 2013

Del papel al Ipad



¿Periódicos?,  ¿papel?, ¿transistores de radio?  Incluso, ¿televisión?

Dentro de poco, de muy poco, las nuevas generaciones y hasta nosotros, los que hoy nos formamos para algún día ejercer la profesión del periodismo, puede que no conozcan y puede que nosotros olvidemos que algún día, hubo lectores de papel, hubo kioskos de prensa y hubo unos pequeños aparatos llamados transistores por los que escuchar la radio.

Quedarán como nostálgicos, como románticos de un periodismo que existió pero que dejó de existir arrastrados por la corriente de eso que llamamos nuevas tecnologías y que han entrado en nuestra vida de repente, sin previo aviso y, sobre todo, para quedarse.
No hace falta más que sentarse en un banco, una tarde, en cualquier ciudad de un país medianamente desarrollado para darse cuenta que la gente ya no lee el periódico en una terraza sino que ahora se usan portátiles, tablets, teléfonos móviles y demás aparatos para estar informados.

Es cierto que lo que cambia es el soporte, lo que no tendría que ser un problema pues la labor periodística sigue siendo la misma, las noticias se cuentan de igual modo cambiando sólo la herramienta usada para ello.
¿El motivo? La comodidad. Es simple, nos resulta más fácil encontrar TODO lo que queramos al instante y sin esfuerzo a golpe click. Y no, no tiene por qué ser malo, al contrario, es necesario avanzar, dejarnos llevar por la corriente de lo nuevo, hacer caso a las peticiones ciudadanas porque al fin y al cabo nuestra labor es prestar un servicio a la ciudadanía y si ellos nos piden una versión web de nuestro diario, la comodidad de poder escuchar su emisora a través de Internet o tener los titulares más importantes en el menor tiempo posible en Twitter, lo haremos, nunca deberíamos negarnos a ello.

El problema está en saber convertir nuestra estrategia, en satisfacer pero sin perder calidad, en entender que si no todo vale en el papel, tampoco todo vale en la red. Muchos medios comenten este error, utilizando Internet como un cajón de sastre en el que todo cabe, un lugar en el que los blogs tienen la misma rigurosidad que un medio profesional y eso, no es del todo cierto.
Libertad de expresión ante todo, sí, pero profesionalidad también, y si queremos que esto siga adelante, que no desaparezcamos, tendremos que dejarnos arrastrar, no centrarnos en el pasado y no caer en la nostalgia que provoca la tinta negra del periódico. Hay nuevas formas, buenas formas de hacer periodismo, sólo tenemos que aprovecharlas, sacar el máximo partido a esta era de la información y la informatización de todo.

En definitiva, Internet nos permite ver la televisión, escuchar la radio, leer la prensa, consultar enciclopedias, ver películas, buscar información,  leer libros, viajar, conocer y encontrar todo aquello que queramos, si Internet nos permite todo esto no tenemos más que aprovecharlo, no mirar hacia otro lado anclados en el transistor y el libro de papel, eso sí, sin perder un ápice de profesionalidad porque entonces será cuando Internet, más que ayudarnos, nos habrá arrastrado, pero hacia el final.

lunes, 27 de mayo de 2013

Tenemos un "Cole"




Los periodistas, o los futuros periodistas, como yo, estamos de fiesta. El pasado sábado 25 de mayo se creó lo que hace algún tiempo estaba creado, de forma más o menos oficial, y que para muchos debía existir desde hace ya mucho más tiempo: Un Colegio de Periodistas.

Antequera fue el lugar escogido para reunir a periodistas de muchos lugares distintos, llegados de asociaciones de prensa, de colectivos periodísticos y de la propia FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España). 

En definitiva un despliegue de medios y una concentración importante de personajes del mundo de la comunicación que lograron aparcar sus compromisos y hacer un hueco en sus apretadas agendas para dar su voto. Este voto, con el que se defendía la postura a favor o en contra de la creación de un Colegio profesional, el acuerdo, o no, de los estatutos, las enmiendas presentadas con sus consiguientes argumentos y demás papeleos necesarios, hicieron de ésta una asamblea histórica pues con ella se creaba una institución importante para todos los profesionales de la comunicación.

De igual modo que los médicos necesitan, deben, estar colegiados para realizar su actividad, los periodistas crean, a partir de ahora, un lugar al que acudir, un respaldo, si bien no es necesario ser colegiado para ejercer la actividad periodística al contrario de lo que ocurre con los médicos, es cierto que para formar parte de ello se exigen, según determinan sus estatutos, ciertas condiciones como la de ser licenciado en alguna de las variantes de lo que antes solía llamarse "Ciencias de la Información".

¿El fin de todo esto? Evitar el intrusismo, dignificar la profesión, otorgar al periodismo la posición social que debería tener, ésa que no debería haber perdido nunca, en fin, reconocer la labor que todos los periodistas hacen día a día, en pequeñas redacciones, delante de un ordenador, saliendo a la calle a buscar la noticia, en muchos casos jugándose, incluso, la vida para mantener informados, para cumplir con una labor más personal y gratificante que meramente rentable, para hacer lo que siempre han hecho pero ahora con una gran diferencia; Ahora sí existe un Colegio.

domingo, 19 de mayo de 2013

Malas notas


La idea es hablar de crisis y la empresa informativa pero no siempre las crisis son económicas, no siempre tienen que ver con los intereses económicos, el dinero, a fin de cuentas.

Las crisis, como en este caso que quiero comentar, sí que tienen que ver con intereses, pero de los personales. Y ahí, ganamos, por goleada si hablamos de crisis porque el periodismo la sufre, y mucho, bastante antes de que explotara eso que llaman “burbuja inmobiliaria” y a lo que ahora achacamos todos nuestros problemas. La realidad es que antes de todo eso ya existía una crisis, un crisis, y gorda.
Me estoy refiriendo a un problema que, aunque totalmente consciente de su presencia en el colectivo humano, no creía tan exagerado pero que el otro día, paseando por la red, descubrí con una sensación tan extraña que no sabría describir, si risa o pena.

A los hechos me remito, ¿qué aparece cuando pones en Google; valoración de profesiones? Pues que sale así, en grande, en primera página, a todo color y en la primera búsqueda, (le faltan farolillos rojos y un pitido estridente para dejar de ser de todo menos inadvertida), que el periodismo es, según el barómetro de febrero de 2013 del CIS,  junto con otras profesiones, de las peor valoradas por los españoles.
Ya está, de un plumazo toda una carrera dedicada a lo que se supone que es imprescindible para la sociedad, para su conocimiento, para su cultura y para su sabiduría, ahora, sin más, se ponen todos de acuerdo, al unísono, para decir que el periodismo está desprestigiado y hacer que casi ni apruebe en las encuestas.

Dado mi enfado seguí buscando con la confianza de que pudiera ser algo puntual, una mera coincidencia. Pero no, resulta que escarbando en cifras me encuentro con que otro barómetro realizado años atrás, en 2006 concretamente  muestra exactamente lo mismo. Sí es cierto que entre las profesiones peor valoradas también hay otras, la militar en este caso por ejemplo, o la de juez en la encuesta del 2013 pero el periodista nunca cambia. Se mantiene perenne en su afán por gustar, por aprobar y quedarse siempre rezagado, el último de la clase.

Entendiendo como entiendo que es una labor social la que cumplimos, desempeñando una tarea complicada, realizando un trabajo, cuanto menos, delicado, estos datos producen desazón pues comprueban que la sociedad en su conjunto, no valora tu trabajo y, por supuesto, de hacerlo, no lo hace nada bien.
El caso es que yo veo a mucha gente leyendo noticias en Internet, acudiendo a la radio y la televisión para saber qué ocurre, comiendo mientras se escuchan los informativos e, incluso, acercándose al kiosko, como cada día, a comprar su diario en papel para leer qué pasa en el mundo, para saber qué le cuentan.

Entonces, ¿qué ocurre?, ¿nos compran pero no nos creen?, ¿nos oyen pero no escuchan?, ¿nos miran pero no ven?
En definitiva, la realidad es que no aprobamos, no nos quieren, no les caemos bien, no les gustamos o, simplemente, no nos entienden. Quién sabe. Lo que haremos será seguir haciendo lo que hacemos siempre, preguntarnos y preguntar a lo demás por qué el mundo es así, tal y como es.

Por cierto, dejo los enlaces de las noticias para comprobar que es cierto, que no me lo invento, que las cifras, por poco que nos gusten, son así.





miércoles, 15 de mayo de 2013

La era de la desinformación





Asistimos a una era de la información y, paradójicamente, estamos, en general, bastante poco informados.
Esto así pensado, no tiene mucho sentido, pero haciendo un poco de reflexión y autocrítica deberíamos, más de uno, y más de dos, preguntarnos qué sabemos del mundo.
Y creo que la respuesta no sería muy alentadora, de hecho sería un poco deprimente.

Nos encontramos en los puestos más bajos en cuanto a formación y nivel de calidad educativa en Europa y ni que decir tiene que si nos centramos en comunidades, es cuando nosotros, como andaluces, nos encontramos a la cola desde el punto de vista del resto de regiones.
Y la pregunta sería entonces, ¿por qué? Si vivimos en la era de la comunicación, de la información, de la rapidez y la prisa por contarnos todo. Puede que sea precisamente eso, que tenemos tanta prisa y queremos saberlo todo que, como dice el refrán, quien mucho abarca, poco aprieta.
Esto podría contarse basándonos en teorías de la comunicación, citando a prestigiosos estudiosos y entendidos comunicólogos, rescatando voluminosos manuales sobre la teoría de la información y recurriendo a los grandes modelos informativos, podría explicarse de una forma técnica y complicada pero todo esto puede entenderse sin recurrir a estas complicadas argumentaciones. Y es que somos todos conscientes de que esta avalancha de información, las redes sociales que nos cuentan qué ocurre antes de que las cosas ocurran, los diarios digitales, así como la inmediatez de la radio o la televisión, hacen de nosotros unos perfectos internautas, oyentes, televidentes, twitteros y facebookeros en general.
El problema es que todas estas capacidades comunicativas nos cansan, pasan de crearnos atracción a crearnos desinterés lo cual, aunque como dijimos antes, pueda resultar paradójico, es, a la vez, una consecuencia lógica de la sociedad actual.
Puede que otro motivo sea que no nos creemos lo que nos cuentan, que desprestigiamos la profesión o puede, simplemente, que nos resulte complicado seguir la actualidad cuando nuestra realidad, la de nuestro trabajo, nuestra familia y nuestros problemas, nos asfixian tanto que no nos dejan tiempo para nada más que para no querer, ni siquiera, saber qué pasa en el mundo.

viernes, 10 de mayo de 2013

Me presento

Saludos desde un pequeño rincón del sur de España, concretamente desde Sevilla. La idea de escribir en este blog surge como una actividad propuesta en clase, en la asignatura de Empresa Informativa dentro de la carrera de Periodismo.
El objetivo de este blog no va a ser, ni mucho menos, dar una información económica seria, ni analizar la actualidad periodística desde un punto técnico, ni, por supuesto, siquiera intentar resolver la crisis o, como algunos la llaman, la deceleración en la que nos encontramos desde hace ya unos cuantos años.
El objetivo es mucho más simple, más corriente, trataremos de dar a conocer algunas noticias nuevas y otras no tan nuevas que pongan en relación la problemática en la que se ve sumida la empresa informativa, en cualquiera de sus variantes, bien como periodismo institucional, medios escritos, audiovisuales o la labor de informar en sí misma, en estos momentos de crisis económica de la que por supuesto esta profesión no se libra.
El porqué de hacerlo sobre este tema y no sobre otro, el querer ahondar en temas controvertidos, en, por qué no, posicionarnos a favor o en contra de las prácticas llevadas a cabo tanto por las empresas como por la administración, etc. Es por ejercer ese derecho que todos como ciudadanos y yo, como futura periodista, creo que nos corresponde: observar todo aquello que nos rodea e intentar analizarlo desde unas u otras perspectivas.
En definitiva y sin más preámbulo, decir que en las distintas entradas se intentará tratar la información que se presente atendiendo a la máxima rigurosidad y respeto pero sin dejar de lado ese deber moral que como periodista me veo obligada a mostrar, el carácter crítico y el cuestionamiento de todo lo que ocurre diariamente a nuestro alrededor y que quizá no tenemos nunca tiempo de pararnos a analizar.