La idea es hablar de
crisis y la empresa informativa pero no siempre las crisis son económicas, no
siempre tienen que ver con los intereses económicos, el dinero, a fin de
cuentas.
Las crisis, como en
este caso que quiero comentar, sí que tienen que ver con intereses, pero de los
personales. Y ahí, ganamos, por goleada si hablamos de crisis porque el
periodismo la sufre, y mucho, bastante antes de que explotara eso que llaman “burbuja
inmobiliaria” y a lo que ahora achacamos todos nuestros problemas. La realidad es que antes de todo eso ya existía una crisis, un crisis, y gorda.
Me estoy refiriendo a
un problema que, aunque totalmente consciente de su presencia en el colectivo
humano, no creía tan exagerado pero que el otro día, paseando por la red,
descubrí con una sensación tan extraña que no sabría describir, si risa o pena.
A los hechos me remito,
¿qué aparece cuando pones en Google; valoración de profesiones? Pues que sale
así, en grande, en primera página, a todo color y en la primera búsqueda, (le
faltan farolillos rojos y un pitido estridente para dejar de ser de todo menos
inadvertida), que el periodismo es, según el barómetro de febrero de 2013 del
CIS, junto con otras profesiones, de las
peor valoradas por los españoles.
Ya está, de un plumazo
toda una carrera dedicada a lo que se supone que es imprescindible para la
sociedad, para su conocimiento, para su cultura y para su sabiduría, ahora, sin
más, se ponen todos de acuerdo, al unísono, para decir que el periodismo está
desprestigiado y hacer que casi ni apruebe en las encuestas.
Dado mi enfado seguí
buscando con la confianza de que pudiera ser algo puntual, una mera
coincidencia. Pero no, resulta que escarbando en cifras me encuentro con que
otro barómetro realizado años atrás, en 2006 concretamente muestra exactamente
lo mismo. Sí es cierto que entre las profesiones peor valoradas también hay
otras, la militar en este caso por ejemplo, o la de juez en la encuesta del
2013 pero el periodista nunca cambia. Se mantiene perenne en su afán por
gustar, por aprobar y quedarse siempre rezagado, el último de la clase.
Entendiendo como
entiendo que es una labor social la que cumplimos, desempeñando una tarea
complicada, realizando un trabajo, cuanto menos, delicado, estos datos producen
desazón pues comprueban que la sociedad en su conjunto, no valora tu trabajo y,
por supuesto, de hacerlo, no lo hace nada bien.
El caso es que yo veo a
mucha gente leyendo noticias en Internet, acudiendo a la radio y la televisión para
saber qué ocurre, comiendo mientras se escuchan los informativos e, incluso, acercándose
al kiosko, como cada día, a comprar su diario en papel para leer qué pasa en el
mundo, para saber qué le cuentan.
Entonces, ¿qué ocurre?, ¿nos compran pero no
nos creen?, ¿nos oyen pero no escuchan?, ¿nos miran pero no ven?
En definitiva, la
realidad es que no aprobamos, no nos quieren, no les caemos bien, no les
gustamos o, simplemente, no nos entienden. Quién sabe. Lo que haremos será
seguir haciendo lo que hacemos siempre, preguntarnos y preguntar a lo demás por
qué el mundo es así, tal y como es.
Por cierto, dejo los enlaces
de las noticias para comprobar que es cierto, que no me lo invento, que las cifras,
por poco que nos gusten, son así.
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