domingo, 2 de junio de 2013

Del papel al Ipad



¿Periódicos?,  ¿papel?, ¿transistores de radio?  Incluso, ¿televisión?

Dentro de poco, de muy poco, las nuevas generaciones y hasta nosotros, los que hoy nos formamos para algún día ejercer la profesión del periodismo, puede que no conozcan y puede que nosotros olvidemos que algún día, hubo lectores de papel, hubo kioskos de prensa y hubo unos pequeños aparatos llamados transistores por los que escuchar la radio.

Quedarán como nostálgicos, como románticos de un periodismo que existió pero que dejó de existir arrastrados por la corriente de eso que llamamos nuevas tecnologías y que han entrado en nuestra vida de repente, sin previo aviso y, sobre todo, para quedarse.
No hace falta más que sentarse en un banco, una tarde, en cualquier ciudad de un país medianamente desarrollado para darse cuenta que la gente ya no lee el periódico en una terraza sino que ahora se usan portátiles, tablets, teléfonos móviles y demás aparatos para estar informados.

Es cierto que lo que cambia es el soporte, lo que no tendría que ser un problema pues la labor periodística sigue siendo la misma, las noticias se cuentan de igual modo cambiando sólo la herramienta usada para ello.
¿El motivo? La comodidad. Es simple, nos resulta más fácil encontrar TODO lo que queramos al instante y sin esfuerzo a golpe click. Y no, no tiene por qué ser malo, al contrario, es necesario avanzar, dejarnos llevar por la corriente de lo nuevo, hacer caso a las peticiones ciudadanas porque al fin y al cabo nuestra labor es prestar un servicio a la ciudadanía y si ellos nos piden una versión web de nuestro diario, la comodidad de poder escuchar su emisora a través de Internet o tener los titulares más importantes en el menor tiempo posible en Twitter, lo haremos, nunca deberíamos negarnos a ello.

El problema está en saber convertir nuestra estrategia, en satisfacer pero sin perder calidad, en entender que si no todo vale en el papel, tampoco todo vale en la red. Muchos medios comenten este error, utilizando Internet como un cajón de sastre en el que todo cabe, un lugar en el que los blogs tienen la misma rigurosidad que un medio profesional y eso, no es del todo cierto.
Libertad de expresión ante todo, sí, pero profesionalidad también, y si queremos que esto siga adelante, que no desaparezcamos, tendremos que dejarnos arrastrar, no centrarnos en el pasado y no caer en la nostalgia que provoca la tinta negra del periódico. Hay nuevas formas, buenas formas de hacer periodismo, sólo tenemos que aprovecharlas, sacar el máximo partido a esta era de la información y la informatización de todo.

En definitiva, Internet nos permite ver la televisión, escuchar la radio, leer la prensa, consultar enciclopedias, ver películas, buscar información,  leer libros, viajar, conocer y encontrar todo aquello que queramos, si Internet nos permite todo esto no tenemos más que aprovecharlo, no mirar hacia otro lado anclados en el transistor y el libro de papel, eso sí, sin perder un ápice de profesionalidad porque entonces será cuando Internet, más que ayudarnos, nos habrá arrastrado, pero hacia el final.

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